Jugamos a prometernos
Jugamos a prometernos, a prometernos las estrellas, los
planetas, el firmamento, nos prometimos la tierra, el mar y el aire, nos
prometimos los animales, las plantas, los arboles, todo lo material, todo lo
que nuestros ojos podían ver, todo lo que nuestras manos podían tocar, jugamos
a prometernos tantas y tantas cosas… pero nada era suficiente, nada nos llenaba
por completo, aun quedaba un hueco libre pero no en la casa, no en el trastero,
no en ningún sitio visible, era un hueco dentro de nosotros, un vacio que nada
de lo que nos prometimos podía llenar, un espacio con nombre y apellidos y no
nos dábamos cuenta de ello.
Todo giraba en torno a ese espacio, llevábamos toda nuestra
vida tratando de llenarlo sin darnos cuenta de que no éramos nosotros los que
debíamos hacerlo, ese espacio debían llenarlo otros, debían llenarlo nuestros
amigos, nuestros familiares, nuestros amores, nuestros desamores, nuestras
mandarinas…. Pero sobre todo, ese espacio debía llenarlo nuestra naranja,
aquella persona sería la que nos llenaría por completo. Aquella persona que con
una mirada nos diría tanto, la que al darnos un abrazo nos haría sentir en el
lugar más seguro del mundo, la que al darnos la mano nos transmitiría la fuerza
suficiente para cruzar mares, subir montañas, la fuerza para luchar por
nuestros sueños a pesar de haber caído antes, la fuerza para intentarlo de
nuevo a pesar de los fracasos anteriores. Es con quien quieres levantar cada
mañana y acostarte cada noche, la risa que quieres oír cada día, con quien compartir
confesiones, preocupaciones, sueños e ilusiones.
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