miércoles, 10 de septiembre de 2014

Cádiz

Ya se han apagado las luces, no queda nadie en la playa salvo algunos pescadores solitarios y ella. Lleva ya varias horas paseando sin mas compañía que sus propios pensamientos, todos se fueron a dormir tras la cena y alguna que otra copa y ella se había quedado sola en la terraza de aquel pequeño apartamento que habían alquilado para aquellos días.
 - ¿No vas a dormir? - le preguntó su amigo.
 - Aún no, iré en un rato - le respondió ella.
 - ¿Todo bien?
 - Si, tranquilo. Me apetece quedarme aquí viendo las estrellas simplemente.
 - ¿Quieres que me quede y hablemos?
 - No, no. De verdad que estoy bien, solo me apetece un poco de tranquilidad - le dijo poniendo la mejor de sus sonrisas.
 - Bueno, no te presiono más pero si quieres hablar no dudes en despertarme, ¿vale? y no te acuestes muy tarde - le dijo mientras le daba un beso en la frente, se quedó parado un par de segundos y luego se apartó para mirarla a los ojos. - Buenas noches -

Él se fue dejándola en aquel columpio abrazándose las rodillas y con la mirada perdida en el paisaje que le regalaba la costa de su tierra, Cádiz.

Era cierto, necesitaba tranquilidad, necesitaba esa sensación que le proporcionaba la compañía de las estrellas, tiempo para sí misma y para sus pensamientos y para eso la noche siempre había sido su mejor aliada. Guiada por un impulso se levantó, recogió la toalla del tendedero y se la echó sobre el hombro, cogió las llaves y el móvil y salió de casa. Mientras bajaba por el ascensor le puso un whatsapp a su amigo "salgo un rato, no te preocupes que sólo voy a dar un paseo por la playa". Aún no había llegado a la planta baja cuando recibió la respuesta "vale pequeña pero no tardes, en un par de horas te quiero en la cama ;)" "Sii papáaaa =P" "<3". 

Ya está, su amigo ya sabía donde estaba así que no se agobiaría por si alguna de las niñas se despertaba y no la veían en la cama y podría disfrutar de aquel pequeño paseo nocturno.

Bajó a la playa, puso su toalla sobre la arena y se tumbó para ver las estrellas. Siempre le había gustado la playa de noche, aquella tranquilidad, el suave murmullo del mar, la oscuridad levemente rasgada por la luz de aquellas estrellas... era un escenario mágico, era su escenario perfecto. Había imaginado tantas cosas en las playas, había creado tantos sueños en aquellas costas que no podía imaginar su vida lejos de aquellas tierras y entonces lo comprendió, entonces entendió aquel sentimiento que la invadía algunas veces, entendió que lo que le ocurría es que echaba de menos su tierra porque aunque nunca se había sentido parte de nada, sabía que Cádiz siempre sería su hogar y dejó que las lágrimas surcasen sus mejillas al tiempo que se le dibujaba una gran sonrisa en los ojos mientras se hacía una promesa, una promesa suya y de nadie más.

No hay comentarios:

Publicar un comentario