Hay ciertas situaciones que te llevan al límite, un límite
que no conocías, que no esperabas alcanzar y sin embargo ahí estas.
Esas situaciones me atrevería a decir que son malas
experiencias en el 99% de los casos pero son malas experiencias que nos hacen
darnos cuenta de cosas que pasamos por alto normalmente, de lo que realmente
merece la pena, de lo que realmente nos importa, de lo que queremos, aquello por
lo que merece la pena luchar.
Últimamente me he rodeado de situaciones límites que directa
o indirectamente han formado parte de mi, situaciones que me han hecho pensar y
darme cuenta de muchas cosas.
Es en esos momentos, justo cuando tu mente se encuentra en
mitad de la nada, en el vacío más absoluto porque es incapaz de reaccionar ante
lo que está pasando, justo cuando se colapsa y son tus nervios, tus impulsos,
los que te controlan, es en ese momento cuando alcanzas el punto más alto. Tras este
vacío que dura apenas un segundo, tu cerebro vuelve a reaccionar, despierta y
un único pensamiento invade tu cabeza, un recuerdo, una persona, una última
idea loca, un sueño por cumplir, aquellas palabras que no dijiste, otras que quizás
no deberías haber pronunciado. Para cada uno es diferente pero para todos es
una situación igual de impactante.
Ese pensamiento que nos invade y que es tan fuerte, tan
importante para nosotros, ese es el pensamiento que nos hace reaccionar, es el
que nos impulsa a salir de dicha situación. El deseo de ver a esa persona, de decir aquello que nos
quedo en el tintero, aquello que no dio tiempo a vivir o simplemente esa idea
loca que hay que llevar a cabo. Es por ello que cuando pasamos esas situaciones
que nos muestran estos deseos, esos sentimientos que desconocíamos o ignorábamos
debemos cumplirlos, dejarnos llevar por nuestros impulsos y no reprimirnos
porque al fin y al cabo, ya hemos tenido un aviso y quizás no vuelva a
repetirse.
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